“NO SÓLO DE PAN VIVEN LA MUJER Y EL HOMBRE” 8 de marzo, “Día Internacional de la mujer”

Hoy, 8 de marzo de 2018, he decidido no asistir a mis clases con vosotras y vosotros por muchas razones que tienen que ver con el día Internacional de la Mujer. He hecho huelga, y para fundamentar y apoyar mi decisión, y la de todas las mujeres que la han secundado también, así como las de otras que por sus propias razones no han podido o no han querido sumarse a esta forma de protesta, he elaborado el siguiente artículo. Con estas palabras quiero agradecer también a los hombres y niños que nos apoyan con su actitud de lucha y respeto.

“No sólo del pan viven la mujer y el hombre”, las personas nos nutrimos de muchísimas cosas, como el aire que respiramos, además de pan y otros alimentos que preparamos, la felicidad que nos aporta un estado de armonía, que conjuga el bienestar en la pareja, con la familia, padre y madre, hijos, realización profesional y laboral, respeto personal y social… Todas y todos estamos de acuerdo en que el equilibrio entre estos factores nos aportan estados deseables de salud y  son los alimentos que nos hacen crecer fuertes y resistentes.

Me considero experta en el placer de la nutrición así que voy a aprovechar este día para reflexionar, y haceros reflexionar a vosotros también, (ya que estáis en el proceso de formación en esta misma disciplina).

Voy a hablaros sobre los tóxicos, los aditivos, las sustancias cancerígenas, etc. que social y culturalmente adulteran la nutrición de mujeres, niñas, hombres y niños. Son sustancias que vamos tragando y van contaminando nuestro organismo poco a poco, estos aditivos producen enfermedades infecciosas y contagiosas, nos provocan dolores de toda índole, úlceras de estomago, heridas, contracturas, infartos, desgracia personal, baja autoestima, incapacitación, bloqueos e incluso la muerte… Me pregunto y tú te preguntarás  por qué los seguimos consumiendo, por qué no cambiamos de forma de alimentar nuestras relaciones personales o profesionales, a lo mejor no somos del todo conscientes, o a lo mejor estamos demasiado enganchados en sus propiedades adictivas. Quizás el primer alimento que recibimos en la leche materna o el biberón que nos preparaban nuestros padres ya estaba contaminado con las mismas toxinas, pero ellos en la mayoría de los casos no han sido conscientes. Los sustentos que hemos seguido ingiriendo en la niñez han sido bolos alimenticios que por más que masticaramos, principalmente las niñas, no podíamos tragar, y nos producían unos fuegos  gástricos que eran capaz de convertir en cenizas nuestros sueños o nuestra capacidad creativa. Esa dieta diaria empezaba a componerse de frases como: -“Levantate y prepara el  desayuno para tu padre o tus hermanos”, -“Haz las camas, limpia el suelo, el polvo, los cristales, friega los platos…, tus hermanos no lo harán nunca igual de bien que tú”. A veces, las más reinvidicativas nos atrevíamos a protestar sobre la actitud de nuestros hermanos, (lo de nuestro padre ni no lo advertíamos, era un derecho congenito por  su condición sexual y su posición en la jerarquía familiar). A medio día, la comida más importante del menú solía comenzar con un entremés de: “Pon la mesa” mientras tus padres y hermanos que también venían de estudiar o trabajar, igual que tú, estaban leyendo comics, viendo el telediario o leyendo el periódico.  Para maridar los platos: -“Traete el agua, o el vino, o el zumo, ¡Que hay que ver como estas últimamente, no eres capaz ni de poner la mesa en condiciones!”, el postre no  nos era tampoco muy dulce a la mayoría de las chicas: -“Recoge la mesa y la cocina, ¡Hay que ver que hay que decirte cincuenta veces que dejes el fregadero sin “mijitas” , y que barras bien el suelo, siempre tengo que terminarlo yo!” Y resulta que tu madre también podía ser  una prestigiosa y valorada profesional como en mi caso, pero era una súper -heroina, que practicaba la fé de que las mujeres deben ser capaces de ser perfectas profesionales, tener la casa y la ropa más limpia que nadie, sus hijos bien planchados y los labios pintados para que su marido la viera siempre bella. Tú le dabas vueltas  y vueltas a ese bolo alimenticio que por más que masticaras no podía pasar por tu garganta. Años más tarde, seguías masticando, ¡yo sigo masticándolo aún y no lo he podido tragar todavía! Creo que por eso siempre sentí vocación por la cocina, desde niña me gustaba preprarar platos y dulces diferentes; yo, sin saberlo, quería alimentar a todos mis seres queridos con otro tipo de manjares, compuestos por ingredientes que provinieran de actitudes basadas en la igualdad de derechos y capacidades, respeto, valoración, libertad personal y creatividad asexuadas, etc. Ya era consciente de que para recolectar todos estos ingredientes había que sembrarlos también, y las semillas no se comercializaban en ninguna parte, no me rendí, comencé a cultivar mi propio huerto con semillas que me regalaron principalmente mujeres aquí y allá donde estuve, aún lo sigo regando y aunque tengo que quitar contínuamente las malas hierbas, lleva decadas regalandome unos frutos excelentes, los empleo en casa y en todas las preparaciones que realizamos en la escuela, en los curso  que imparto, en las cartas de los restaurantesa los  que he asesoro, y en todas mis creaciones. Mi huerto es una fuente inagotable, es mágico, me provee de todos los productos que necesito, sea cual sea el lugar donde tengo que cocinar. Tengo “frutas  y frutos” repletos de la vitamina de la superación ante la frustración de las actitudes machistas en cualquier sector, minerales como el hierro que convaten el abuso y maltrato a la mujer, proteínas compuestas de aminoácidos esenciales para la vida en situación de igualdad e indistricriminación sexual, fibra alimentaria para tejer las prendas de protección que abrigan el corazon de niñas y mujeres, lípidos y grasas que hacen de lubricante para ayudar a la eliminación de situaciones injustas, amenazas, coacción, privación de libertades, etc., azúcares que endulzan las vidas de las mujeres llenandolas de fuerza, autovaloración, creatividad, energía y esperanza en contra de las actitudes y el despotismo mayistas.

Te animo a que seas consciente de como alimentas tu trato con tus compañeras, hermanas, madre, abuelas, primas, amigas, vecinas, desconocidas que pasan cerca de tu camino,… ya seas hombre o mujer, ten en cuenta que todos los informes e investigaciones sobre la nutrición señalan la importacia de una dieta equilibrada y sana. Haz una revisión y comprueba que las sustancias que consumes reunen las garantias de seguridad e inocuidad ante las actitudes machistas, y piensa que tú serás el primer beneficiario o beneficiaria, al practicar este tipo de dieta. ¡Planta tu propio huerto! y sazona la comida con la alegria de la satisfacción de ser una persona justa y comprometida en la lucha por LOS DERECHOS E IGUALDAD DE LA MUJER .

 

 

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